-Estos fenicios eran traficantes, mercaderes, y en las antiguas historias se los conocía como el pueblo del mar. Los griegos los llamaron phoinikes, que significa rojo como la sangre, tal vez a causa de los tintes purpúreos que obtenían de las conchas o quizá por el legendario pájaro de fuego o la palmera, ambos llamados phoinix, es decir rojo como el fuego. Los hay que piensan que provenimos del mar rojo y por eso nos dieron ese nombre. Pero nada de esto es cierto. Nos llamaron así por el color de nuestros cabellos. Y todas las tribus que se formaron a partir de los fenicios, como los venecianos, fueron conocidos por esta señal. me detengo en esto por que estos pueblos extraños y primitivos adoraban las cosas rojas, del color de las llamas y la sangre. Aunque los griegos los llamaban phoinikes, ellos se autodenominaban Pueblo de khna - o Knossos- y más tarde cananitas. La Biblia nos dice que adoraban a muchos dioses, los dioses de Babilonia: al dios Bel, aquien llamaban Baal; a Isthar, que se convirtió en Astarté y a Mel´Quarth, a quien losm griegos llamaban Car, significa "sino" o "destino"
jueves, 17 de diciembre de 2009
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EL DICCIONARIO DE LOS VIENTOS.
PARTE 9
Diccionario de los vientos [Slovar vetrov]: 1.Diccionario que recoge las definiciones, descripciones, comentarios, citas y biografías de personajes de un modo u otro relacionados con el viento. La veracidad de lo contendido en el D. V. (como en cualquier otro libro) depende del grado de certeza que observe el lector hacia él.
Varias versiones explicarían el origen del D. V., pero ninguna ha sido reconocida por la otra parte. No queda claro dónde, cuándo y en qué lengua apareció por primera vez este libro o al menos parte de sus artículos (se supone que los artículos fueron escritos en varias épocas). Se desconoce si el cuerpo de artículos es constante (aunque no cabe duda de que el número de artículos ocupa algún valor entre el cero y el infinito). El hecho de que ciertos artículos fueran escritos a fines del siglo XX nada aporta, ya que pudieron ser escritos por un afortunado hacedor de profecías. No se sabe con certeza si el D. V. fue escrito por un solo autor o por un grupo de personas, y si este autor (o autores) era anemófilo o cronista.
Ni los unos ni los otros reconocen este libro como "suyo"; por el contrario, afirman que el D. V. contiene "insolentes calumnias" y ninguna información útil. No obstante, el D. V. puede ser encontrado tanto en las bibliotecas de cronistas como en las de anemófilos, y en sus listas aparece y desaparece de un modo que sigue sin ser aclarado. Así, se cuenta que vieron un D. V. impreso con tipos góticos, que este libro fue usado por Fata Morgana, y que, quizá, precisamente el D. V. figura en el inventario de la colección que guarda La Torre de los Vientos, hecho por Anemómetro de Fivia como un "manuscrito antiguo y venerable, que abunda en nombres de vientos". No ha sido posible someter análisis a ninguno de los textos del D. V. aparecidos en distintas épocas en bibliotecas públicas y privadas, en la memoria de las computadoras o en la memoria humana. Por regla general, el texto desaparecía en el último momento en circunstancias nunca bien aclaradas, dejando huella sólo en la mente de sus lectores o creadores. Cierto anemófilo llegó a afirmar que: "El D. V. es igual de incognoscible que el Programa".
En el momento en que se escriben estas líneas, el D. V. ya pertenece parcialmente al pasado y parcialmente aún no ha llegado del futuro.
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PARTE 8
Cronistas [Jronisty] (Cronos: Una de las divinidades del panteón griego; posteriormente, la palabra griega cronos pasó a significar "tiempo"): En un principio, los adoradores de Cronos, miembros de la sociedad de Cronos. En su acepción amplia, todo lo que libera al pasado del futuro. Los C. prefieren la ausencia de cambios a los cambios ("la falta de noticias es una buena noticia"), la calma chicha al viento. El verdadero C. dejará la ventana cerrada aun en la habitación más viciada y nunca conectará el ventilador.
Los C. se dividen en pasivos y militantes. Los C. reciben negativamente cualquier cambio, incluso aquellos que son para mejorar, ya que invariablemente suelen ir acompañados de incertidumbre. Para escapar del incierto carácter del futuro, los C. investigan con denuedo el pasado. La relación de los C. hacia la historia queda expresada a la perfección por la célebre frase de Quintiliano: "La historia existe para escribirla, no para vivirla".
Más que nada los C. valoran el tiempo, al cual han proclamado como el mayor don del Relojero. Consideran como el más grave pecado gastarlo irracionalmente. "Prescindir del tiempo, prescindir de la historia, significa prescindir de Él y pecar —escribió Fata Morgana, cuyas ideas se convirtieron en mandamientos crestomáticos de los C. Nada conocemos sobre el futuro; alargar nuestra vida o interrumpirla, todo está en manos del Relojero". Como puede apreciarse por esta cita, de manera consciente o inconsciente todos los cronistas creen que el tiempo es finito. Con base en esto, los anemófilos proclamaron su herejía ("Si el tiempo es finito, entonces el Relojero no es todopoderoso").
Los adoradores de Cronos, como se desprende de su nombre, poseen una historia tan larga como esta divinidad, artera y pérfida. Se desconoce con exactitud por qué y cómo adoptaron este nombre, y cuándo los adoradores de Cronos comenzaron a ser llamados C. Posteriormente los C. rebasaron los marcos de la sociedad religiosa y abordaron actividades diversas, hallando más y más partidarios. Los estatutos de la sociedad proclamaban la obligatoria observancia de la idea del reposo, de la invariabilidad y un santo interés por la historia, así como negarse a construir planes para el futuro. Muchos científicos, políticos y ciudadanos comunes que dieron con este documento descubrieron con satisfacción que eran 100% C., y que el ritual de iniciación de los C. nunca había sido fijado en documento alguno, lo que a pesar de toda la escrupulosidad de los C. sólo puede significar una cosa: que éste jamás existió.
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PARTE 7
Descripción [Opisanie]: Destacar y traducir a una forma verbal cualquier objeto o fenómeno concreto.
La D. tiende a identificarse completamente con la realidad (la así llamada objetividad), pero esta idea es inalcanzable porque cualquier objeto puede ser descrito infinitamente. Con relación a la D., consideramos innecesario aludir en las páginas del Diccionario de los vientos a la disputa medieval sobre los universales. No debe sorprendernos que la mayoría de los cronistas adoptasen el punto de vista de los nominalistas, que percibían la realidad como una burla sobre la individualidad humana: antes preferían llamarse por sus propios nombres y, luego, con el universal "hombre". Los cronistas fueron inducidos a ello por el estudio de las lenguas antiguas. Es de todos conocido que las palabras usadas para designar conceptos abstractos aparecieron mucho después que los términos concretos. Las palabras "padre" y "madre" son más antiguas que "progenitor", más abstracta.
Reflexionando de un modo semejante, Fata Morgana dio con su célebre demostración de la existencia del Relojero:
Las lenguas modernas, vulgares —escribió—, se vuelven cada vez más simples. A mayor antigüedad de una lengua, mayor es su complejidad, ya que tienden a una mayor D. literal de la realidad: ellas reflejan al máximo la diversidad del tiempo gramatical y de los números (existen no sólo números singulares y plurales, sino números dobles, etc.), contienen más casos gramaticales concretos y menos preposiciones abstractas, sencillamente más palabras para designar fenómenos concretos (colores, relaciones de parentesco, etc.). ¡Cuánto más compleja era la proto-versión , sobre la cual sólo tenemos una idea vaga y cuya historia se pierde en la noche de los siglos! Esta prelengua describía toda la diversidad del mundo con un número de construcciones semejante al número de fenómenos, objetos y vínculos entre ellos existentes en la realidad misma, es decir, un número infinito. En ella no existían palabras abstractas como "pájaro" o "árbol", sino que cada gorrión, cada haya, era bautizado con su propio nombre. La complejidad de esta lengua rebasa la capacidad humana, por lo que sólo puede ser la lengua de un ser todopoderoso y perfecto, es decir, el Relojero. Por ende, el Relojero existe (argumentum linguisticum in collectionem Tomae Aquinatis).
Desde este punto de vista la lengua se desarrolla de una cantidad máxima de detalles a una máxima generalización, y es la palabra Relojero, como está escrito en el Diccionario de los vientos, el límite comunicable de generalización de una lengua.
Lógicamente, tales cambios a nivel de la lengua acarrean cambios correspondientes en la D. Los anemófilos intentan presentar cualquier D. como fuera del tiempo, pero no siempre logran su objetivo.
Los cronistas, por su parte, han concluido que en la mayoría de las D. el hombre, a tenor de sus peculiaridades psicológicas, tiende a identificar la esencia de las cosas con su origen (lo que la lógica bautiza como "determinación genética"). En otras palabras, cuando se intenta describir una mesa se dice que es un "objeto de madera" ("se tala un árbol"), "que consiste en una tabla y unas patas" ("la tabla y las patas son hechas de piezas de madera que luego son pegadas").
Visto así, la D. del mundo no es sino la relación secuencial de su creación, toda vez que la creación y la generación sólo pueden ser pensadas dentro del tiempo. Basta con recordar las primeras líneas del Evangelio según Juan, cuyo logos griego no casualmente San Jerónimo tradujo como verbum, palabra que significa tanto "palabra" como "verbo" (ver también la etimología de la palabra "verbo" en la lengua rusa). Porque le corresponde al verbo reflejar el tiempo en la lengua. Para los latinos el tiempo estaba presente de manera invisible en cada palabra y, por consiguiente, en cualquier D. De ahí, concluyen los cronistas, que cualquier D. fuera del tiempo no tenga sentido.
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PARTE 6
Fin del tiempo [Konetz vremeni]: En las representaciones de muchos pueblos es el momento en que las personas dejan de percibir el tiempo, bien dejan de percibir el tiempo en general, o bien se igualan al Relojero. Tanto en la percepción de las personas como en la del Relojero, después del F. T. todos los acontecimientos se vuelven simultáneos.
Nadie puede con suficiente grado de certeza predecir cuándo llegará el F. T. Según la representación de ciertos pueblos, el F. T. no arribaría de golpe, sino por etapas, precedido de disturbios, la así llamada aceleración temporal escatológica, marcada por la interrupción de los ciclos astrales conocidos y un rechazo al calendario.
Cualquier disturbio puede ser considerado como una especie de F. T.
Comienzo del tiempo [Nachalo Vremeni]: En la representación de muchos pueblos es el momento cuando las personas comienzan a percibir el tiempo, bien en el momento de nacer, bien tras ser expulsados del Jardín e incapaces ya de percibir todo el mundo simultáneamente, a semejanza del Relojero. En la mayoría de los sistemas mitológicos, el C. T. precede a un tiempo histórico empírico y comienza con la creación del mundo por el Relojero. Según la opinión de muchos cronistas, la descripción del acto de creación que sucede en el tiempo es instintivamente reproducida por los hombres al describir el mundo en general.
En las representaciones de distintos pueblos el C. T. se halla en distinto grado alejado en el tiempo. Así, para los ortodoxos el mundo es ocho años más viejo que para los católicos. En cualquier caso, ningún cronista se atrevería a describir con un grado de certeza lo suficientemente elevado el momento preciso en que ocurrió el C. T. De esta manera, la diversidad de puntos de vista de la humanidad se manifiesta en una disímil percepción del mundo. Cuando coinciden las distintas percepciones sobre la edad del mundo, distintos calendarios, culturas y tradiciones, aumenta el tono vital de toda la humanidad.
En distintas mitologías, el C. T. es descrito, por regla general, como un absoluto caos, y los acontecimientos que lo suceden tienen por regla general una secuencia inversa al Fin del Tiempo.
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PARTE 5
Tiempo [Bremya]: Concepto cuya descripción satisfactoria no ha sido dada ni por los anemófilos ni por los cronistas, situación que influyó negativamente en el contenido de los artículos sobre el T. que pueden leerse en cualquier diccionario, incluido el Diccionario de los vientos. En los diccionarios comunes pueden encontrarse hasta diez acepciones de la palabra T., en las cuales es difícil encontrar una unidad. Por regla general, los artículos de enciclopedias y diccionarios especializados contienen información sobre los métodos de medición del T. y una crítica a aquellos que, a pesar de todo, han pretendido dar una definición del T.
Para la medición del T. se han inventado varios dispositivos, en particular, los relojes. Pero ni los cronistas ni los anemófilos han abordado su medición ni descripción, ya que a los primeros sólo les interesa el pasado, mientras que los últimos sólo piensan en el futuro. El Diccionario de los vientos considera como la más apropiada la definición del T. hecha por Gregorio Viento:
El T. es la más perfecta ilustración de la Trinidad Cristiana como unidad esencial y trinitaria del pasado, el presente y el futuro. Creo firmemente en que el Relojero posee un número infinito de rostros, como lo dejó dicho Fata Morgana en la demostración de Su Existencia. Fue también ella quien señaló que la lengua del Relojero posee un número infinito de formas gramaticales para el tiempo. Pero una lengua sólo refleja la realidad. Por consiguiente, nada impide al T. tener un número infinito de rostros, y no sólo el rostro del pasado, el presente y el futuro, puesto que éstos comparten la misma esencia.
Una ilustración de la idea de la unidad del T. se halla en las mitologías de muchos pueblos, por ejemplo los hindúes o los evenos, que representan al T. como un hombre o animal, y a sus distintos periodos como partes de su cuerpo. La falta de algunos de sus miembros impediría a un cuerpo vivir una vida plena.
La relación del Relojero hacia el T. ha provocado muchas discusiones entre anemófilos y cronistas. Fata Morgana afirmó que el Relojero, todopoderoso, no necesita el tiempo. Pero los anemófilos objetaron que si el Relojero no distinguía el tiempo, entonces su todopoderío sería falso, y acusaron a Morgana de hereje.
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PARTE 4
Anemófilos [Anemofily] (del griego anemos, "viento", fileo, "amor"): En un principio, los adoradores del viento en la Antigua Grecia. En una acepción más amplia, todos aquellos que buscan liberar el pasado del futuro. Los A. siempre prefieren el viento a su ausencia, incluso si se trata de una fuerte tormenta. Los A. aprueban siempre el cambio, aunque no sea para mejorar. Tal optimismo se basa en un alto grado de certeza en que el tiempo es infinito, y el Relojero todopoderoso. Gregorio Viento, pilar de la anemofilia, escribió: "Por cuanto el tiempo es infinito, y la vida humana abarca cierta parte de él, también ella es infinita (una parte de la eternidad es idéntica a la eternidad misma según un axioma que Anemófobo el Grande dedujo en su juventud). Del mismo modo, si el Relojero es todopoderoso, el hombre con todas sus cualidades es también parte de Él. Ergo: el hombre es también todopoderoso y sólo debe sacar a la luz sus posibilidades".
La sociedad de los A. fue fundada en el siglo III a.C., como contrapeso a la sociedad de Cronos (los cronistas). En un principio era una asociación religiosa, y los propios A. adoraban a todos los vientos, desde el Bóreas al Afelia. Paulatinamente, la sociedad cambió a otras esferas de acción, gracias a que los A. encontraron muchos partidarios. Los estatutos de la sociedad (se desconoce cuándo fueron creados) contienen la siguiente frase: "Se considerará A. a la persona de cualquier edad, sexo, mentalidad y posición social que desee cambiar su vida sin reparar en los convencionalismos del pasado, y hacerse semejante al viento, siempre preñado de cambios. Un verdadero A. puede ser incluso alguien que jamás haya oído hablar de nuestra sociedad, pero que sea fiel a sus ideales".
Los A. son parte inseparable de cualquier civilización, pero su grado de concentración en los sectores de la existencia varía. Los A. se dividen en pasivos y militantes. De entre los A. suelen aparecer todos los "hacedores de profecías". Se ha notado que en tiempos de disturbios el número de A. crece bruscamente, lo que al parecer está relacionado con el paso de cronistas al campo de los A. En tiempos de paz ocurre un proceso inverso. He aquí por qué, por ejemplo, los estudios más extensos, las enciclopedias y diccionarios son creados en tiempo de estabilidad social. Se desconoce si esta afirmación se encuentra en el Diccionario de los vientos.
La historia de la humanidad contiene no pocos ejemplos de choques entre los A. y los cronistas. Lo que hace más complejo su estudio es que son precisamente los cronistas quienes registran y estudian estos choques, con una tendencia a aumentar desmesuradamente el número de sus victorias y "olvidando" sus derrotas. Como el interés de los A. en el futuro es mayor, estos corren con mejor suerte en las batallas.
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